Entradas

Mostrando las entradas con la etiqueta Perú

Blanca Varela

Imagen
A media voz A media voz la lentitud es belleza copio estas líneas ajenas respiro  acepto la luz  bajo el aire ralo de noviembre bajo la hierba sin color bajo el cielo cascado y gris  acepto el duelo y la fiesta no he llegado  no llegaré jamás en el centro de todo esta el poema intacto sol ineludible noche sin volver la cabeza merodeo su luz su sombra animal de palabras husmeo su esplendor  su huella sus restos  todo para decir  que alguna vez estuve atenta desarmada sola casi  en la muerte casi en el fuego Blanca Varela

Leo Zelada

Imagen
  Underground blues para Jim Morrison luna roja y en la radio la precisa melodía proyecta tus arpegios endiablados viejo Jim Morrison arqueas la cintura la sensualidad de tus labios y entre filtros de peyote y vasos de aguardiente te diriges peligrosamente hacia el fin  - enciendes el cigarro alzas la copa de vino y brindas por ti, por Blake Artaud, tus oscuros fantasmas - la mirada extraviada  el seco gemido nadie entiende el descarnado alarido que parte el cielo en pedazos la muerte traidora danzando sobre tu cuerpo la soledad desnuda en medio del escenario el baile indio  el suicidio anunciado entregando en cada concierto tu más rotunda agonía rey de los lagartos. Leo Zelada

Víctor Coral

Imagen
 Uchuraccay, un sobreviviente Desde el fondo del valle de la matanza, una vez idos los turbios invasores, mi padre recuerda en voz alta: Hace muy poco aquí florecían la retama y la rosa; la cantuta y el amaranto se peleaban nuestras miradas. Hace apenas un año en este valle abrevaban los gamos en el puquio y los halcones buscaban huevos tiernos entre los pinos y robles del bosquecillo. Pero a mí me parece todo eso locura. Nunca existió tal valle de la vida. Esto es polvo muerto y desolación; chirriar de vientos moribundos, heder de carnes despavoridas. Misterio: lo oscuro nos marca más fuerte que la vida. Víctor Coral

José Watanabe

Imagen
  El maestro de kung fu Un cuerpo viejo pero trabajado para la pelea madruga y danza frente a los arenales de Barranco Se mueve como dibujando una rúbrica antigua, con esa gracia, y sin embargo, está hiriendo, buscando el punto de muerte de su enemigo, el aire no, un invisible de mil años. Su enemigo ataca con movimientos de animales agresivos y el maestro los replica en su carne: tigre, águila o serpiente van sucediéndose en la infinita coreografía de evitamientos y desplantes. Ninguno vence nunca, ni él ni él, y mañana volverán a enfrentarse. -Usted ha supuesto que yo creo a mi adversario cuando danzo- me dice el maestro. Y niega, muy chino, y sólo dice: él me hace danzar a mí. José Watanabe

Victoria Santa Cruz

Imagen
  Me gritaron negra Tenía siete años apenas, apenas siete años, ¡Que siete años! ¡No llegaba a cinco siquiera! De pronto unas voces en la calle me gritaron ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! “¿Soy acaso negra?” – me dije ¡SÍ! “¿Qué cosa es ser negra?” ¡Negra! Y yo no sabía la triste verdad que aquello escondía.¡ Negra! Y me sentí negra, ¡Negra! Como ellos decían ¡Negra! Y retrocedí ¡Negra! Como ellos querían ¡Negra! Y odié mis cabellos y mis labios gruesos y miré apenada mi carne tostada Y retrocedí ¡Negra! Y retrocedí… ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Neeegra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! Y pasaba el tiempo, y siempre amargada Seguía llevando a mi espalda mi pesada carga ¡Y cómo pesaba! … Me alacié el cabello, me polveé la cara, y entre mis cabellos siempre resonaba la misma palabra ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Neeegra! Hasta que un día que retrocedía, retrocedía y que iba a caer ¡N...

Leo Zelada

Imagen
  Diálogo entre la voz y el silencio –¿Qué profesión tienes? –Poeta –O sea, te vas a morir de hambre –Al contrario, voy aplacar tu sed. Leo Zelada

Antonio Cisneros

Imagen
  Antes que el olvido nos Lo que quiero recordar es una calle. Calle que nombro por no nombrar el tambo de Gabriel y el pampón de los perros y el pozo seco de Clara Vallarino y la higuera del diablo. Y quiero recordarla antes que se hunda en todas las memorias así como se hundió bajo la arena del gobierno de Odría en el año 50. Los viejos que jugaban dominó ya no eran ni recuerdo. Nadie jugaba y nadie se apuraba en esa calle, ni aun los remolinos del terral pesados como piedras. Ya no había hacia dónde salir ni adonde entrar. La neblina o el sol eran de arena. Apenas los muchachos y los perros corríamos tras el camión azul del abuelo de Celia. El camión de agua dulce, con sus cilindros altos de Castrol. Yo pisé entonces una botella rota. Los muchachos (tal vez) se convirtieron en estatuas de sal. Los perros (pobres perros) fueron muertos por el guardián de la Urbanizadora. Y la Urbanizadora tenía unos tractores amarillos y puso los cordeles y nombró como calles las tierras que noso...