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Idea Vilariño

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Ya no Ya no será ya no no viviremos juntos no criaré a tu hijo no coseré tu ropa no te tendré de noche no te besaré al irme nunca sabrás quién fui por qué me amaron otros. No llegaré a saber por qué ni cómo nunca ni si era de verdad lo que dijiste que era ni quién fuiste ni qué fui para ti ni cómo hubiera sido vivir juntos querernos esperarnos estar. Ya no soy más que yo para siempre y tú ya no serás para mí más que tú. Ya no estás en un día futuro no sabré dónde vives con quién ni si te acuerdas. No me abrazarás nunca como esa noche nunca. No volverá a tocarte. No te veré morir.

Juan Carlos Onetti

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Querida Litty Desde hace meses con inusitada frecuencia no me deja el cartera cartas tuyas. Será amnesia del hombre o tal vez las apile en un rincón limpio de su cuarto de soltero solterón y algún día me las traiga cinta rosa todas juntas como un banquete para el olvidado hambriento que puede imaginarse desde ahora una clara catarata de ternuras y recuerdos.

Ida Vitale

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Fortuna Por años, disfrutar del error y de su enmienda, haber podido hablar, caminar libre, no existir mutilada, no entrar o sí en iglesias, leer, oír la música querida, ser en la noche un ser como en el día. No ser casada en un negocio, medida en cabras, sufrir gobierno de parientes o legal lapidación. No desfilar ya nunca y no admitir palabras que pongan en la sangre limaduras de hierro. Descubrir por ti misma otro ser no previsto en el puente de la mirada. Ser humano y mujer, ni más ni menos. Ida Vitale

Idea Vilariño

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Un huésped No sos mío no estás en mi vida a mi lado no comés en mi mesa ni reís ni cantás ni vivís para mí somos ajenos tú y yo misma y mi casa sos un extraño huésped que no busca no quiere más que una cama a veces. Qué puedo hacer cedértela. Pero yo vivo sola. Idea Vilariño

Juana de Ibarbourou

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  Insomnio No he podido dormir. Esta noche Me ha sido negada La gracia sencilla Del sueño habitual. En un zumo de lirios morados Se anegan mis ojos sombríos y largos Y en un zimo amarillo de cera O de vara de nardo marchita, Se han ahogado las llamas rosadas Que coloran la piel de mis labios. Si me pongo recta, cruzadas las manos, La boca estrujada, Abrochados los párpados lacios, Parezco una muerta. El insomnio taladra mis sienes Con sus siete clavos de vigilia ácida. Y retoñan, retoñan deseos. ¿Dónde se halla, Señor, el amante Que mis finos cabellos peinaba Con sus manos morenas que olían A mazos de trigo y a ramos de dalias? En mi lecho, que es nata de linos, Su vacío lugar mana angustia. Y en el blanco mantel de las sábanas Me agito intranquila, Como un haz de culebras trenzadas Que el látigo rojo Del insomnio, implacable, fustiga. No sentir... No pensar... Más ahora, ¿Qué imprevista dulzura ha llegado A sentarse a los pies de mi cama? A mis párpados largos parece Que una venda...

Mario Benedetti

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Currículum El cuento es muy sencillo usted nace contempla atribulado el rojo azul del cielo el pájaro que emigra el torpe escarabajo que su zapato aplastará valiente usted sufre reclama por comida y por costumbre por obligación llora limpio de culpas extenuado hasta que el sueño lo descalifica usted ama se transfigura y ama por una eternidad tan provisoria que hasta el orgullo se le vuelve tierno y el corazón profético se convierte en escombros usted aprende y usa lo aprendido para volverse lentamente sabio para saber que al fin el mundo es esto en su mejor momento una nostalgia en su peor momento un desamparo y siempre siempre un lío entonces usted muere. Mario Benedetti