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Mostrando las entradas con la etiqueta Poesia argentina

Leónidas Lamborghini

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  El gayo fané El gayo Fané en la madrugada: visto en la madrugada por la fiera del tiempo que lo chifla. La fiera del tiempo chifla al gayo Fané y la hace ver: la Belleza cascajo. Teñida. la Belleza chueca. la Belleza dos cuartas. picoteada. cachivache. La Belleza percha. des- cangayada. la Belleza nuez: bajo. deshecha. El gayo Fané en la madrugada chiflado por la fiera del tiempo se ve: un mendigo un desplumado un ruin un de rodillas. El chiflido de la fiera del tiempo en la madrugada. el chiflido que hace ver. que chifla. El suicidio del gayo Fané: chiflado.

Gustavo Tisocco

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Poema de diez hectáreas Para escribir un poema de diez hectáreas tendré que convocar a todos los peces, al mago que deambula en las noches, al aroma de pan horneado, a la espuma del mar. Deberé resucitar a los que me dejaron, retornar barcos encallados en la brisa, zafiros y esmeraldas, al niño que soñaba con ser espantapájaros, al viejo campanario, al andén del pueblo aquel. Pondré el nombre de mi madre, los fantasmas de mi gente, una gota de río, la caricia del sauce. De la más ínfima hierba la fragancia, del rompecabezas los enigmas y de los ojos del ausente las plegarias. Un poema de diez hectáreas insume tener frío, dejarse llevar como una veleta, despertar en el tango que nos desnuda, ser cometa, buzón, arquero. Que nos deslumbren los cuentos de sal, el vuelo del colibrí, y las estatuas en su jaula. Que tenemos un país herido no debo olvidar, que hay abuelas que esperan y una isla llena de lápidas y voces en la bruma. Que el Crucificado sigue siendo crucificado, que se mutilan a ...

Darío Rojo

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  Una tabla sostenida por monstruos marinos eso es el fin. Pero al no poder soportar una verdad tan simple tuvimos que inventar la noción de infinito. Un complejo sistema de combinatorias que sólo es posible cuando olvidamos el par de tortugas que todo lo sostiene: una de espaldas a la otra.

Daniel Durand

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  Hay gotas de leche en la baldosa No sirve para nada todo esto que tengo ante mis ojos y digo: No vale nada toda esta basura y pienso: Ya va por la quinta la cerveza y en nada ayuda la literatura, está la guasca chorreando por el piso después de haber estado adentro de la concha de Susana y en nada los estantes ayudan con su misterio con su verdad su tedio. En nada para nadie es todo esto. Lo veo en los colores en el celeste del paraíso en el naranja del infierno en ese rojo La poesía todavía no existe Nunca va a haber literatura.

Abelardo Castillo

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  Sylvia Amor amor no cabe en las palabras saber que estás ahí como si el tiempo no hubiese transcurrido entre el origen del mundo y esa puerta como si todo hubiera sido siempre tu pelo de oro azul sobre mi almohada. Amor amor hace mil años aconteció una historia parecida. Los dos ya son palabras y ceniza pero nosotros somos aún el laberinto vivo de tu oreja un sonido de río en tu cintura los caracoles que yo salgo a buscar en la arena dorada de tu vientre. Cómo decir ahora que oí cómo la noche (estás dormida como nadan los caballitos de mar) dibujó otra figura con tu cuerpo. Amor amor construida en la noche de mi casa! (1987)

Julio Cortazar

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Los amigos  En el tabaco, en el café, en el vino, al borde de la noche se levantan como esas voces que a lo lejos cantan sin que se sepa qué, por el camino. Livianamente hermanos del destino, dióscuros, sombras pálidas, me espantan las moscas de los hábitos, me aguantan que siga a flote entre tanto remolino. Los muertos hablan más pero al oído, y los vivos son mano tibia y techo, suma de lo ganado y lo perdido. Así un día en la barca de la sombra, de tanta ausencia abrigará mi pecho esta antigua ternura que los nombra.

Jorge Aulicino

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  El río 3 ¿Qué necia circunstancia me puso a mirar el marco de un cartel a esta hora, y tras él maderas podridas de un embarcadero? Sé cómo se puede vivir en la Luna; encararía a alguno y le diría “mi ataraxia es una nube que descendía tanto, tanto, sobre una canoa”. Puedo estar ausente de esto, y de todo, diría, pero hoy me persigue esta madera, en esta veo la sustancia del momento pegada a ella, como si transpirase de ella, y todo embarga y fascina, no impide la vida, sino que uno se ve de pronto algo más que ligado al ambiente de la madera, el marco del cartel, la casa del embarcadero sospechoso: se ve absorbido por un implacable Maelström, del que nunca volvió nadie, y si volvió tenía algas pegoteadas, papeles deshechos en la cara. Es “una multitud de despeñaderos” * y eso solo es inimaginable. Pero a ser eso tienden esta madera gris y sus resquebrajaduras. El tiempo la trabajó allí. Poner se puede un ancla en el río, pero no hay ancla que impida el avance del mal tiempo sobre...

Pablo Seguí

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Desde el porche de casa  “¡Jefe!”, le grito, “¡jefe!”,  a través de la reja.  Él arrastra sus bolsas  cartoneras a pie.  Se detiene. Le paso  diez o quince latitas  de Coca-Cola. “Gracias,  viejo”, y vuelta a tirar.  No pude ver su rostro.  Él tampoco vio el mío. 

Alejandro Nicotra

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La casa Las paredes de luna tibia en las noches, de leche fresca en las mañanas, el umbral de ladrillos gastados por los muertos, la galería abierta en una estrofa verde puntuada con abejas las habitaciones oscuras, rezumantes como cántaro la mesa del algarrobo, casi un árbol, y su lámpara igual a una paloma no estoy allí, quizá nunca volveré a estar allí, y sin embargo, allí estoy: en el poema. (Abre la puerta de la noche y sal a caminar por la página, a otro sol, tan de verdad como el dormido: hay estrofas que se acercan igual que las montañas, hay versos sombreados de árboles, al pie de una palabra nace el agua viva y en la cima de otra, sólo temblor y cielo, canta de nuevo el pájaro de tu juventud: abre el tiempo y entra en la paz. ) No, perdónenme si vengo de una casa hecha a mano, vivida con las manos, y pongo mi mano sobre el barro, sobre el fuego sobre el pan, sobre la sal, sobre los pájaros mi mano también sobre otras manos, para volver, porque no estoy allí, y tal vez nunca v...

Enrique Molina

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Correspondencias Sueño, tal vez, con esta cama donde duermo, me he desvestido en otro sitio, hay músicas aquí, algo que ondula, enormes cosechas de hibiscus y mariposas en la selva del Aduanero, verde y turquesa, y no algo imaginario sino un canto de flauta que sopla la encantadora de serpientes; y redes chorreantes, extraídas del mar, vaciadas por las pescadoras gigantas –botas de goma y manos enrojecidas– mientras la encantadora de serpientes insiste en su melodía ritual, el tiempo perdido con ojos de fantasma, pero ahora esa mujer insólita es el lugar donde vivo, la lámpara, todo cuanto alberga este cuarto, la cama involuntaria, el sentimiento de la extraña plenitud de jamás, zapatos, mis libros, un paraguas. Acaso la luz son tus labios, ¿y su torso, entre los juncos, al borde del río donde vibró la flauta, a qué corresponde en la mesa tendida? ¿Al rumor de las conversaciones? ¿Al hilo de humo que sube de los platos? ¿Y cuáles son sus vínculos con el viento que sopla en la ventana?

Milagros king

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  Justiniano ‬ Otra vez me quedo con la luz sobre mi escritorio y de madrugada. Esta vez llueve fuerte, pienso, y el viento sobre la calle Yatay me hace temblar un poco si salgo a este balcón mojado. Y no sé si la batalla es adentro o afuera. O da lo mismo. Ahora volver a los libros y todos estos papeles, papeles. A estudiar el arte en épocas de Justiniano. Y no sé si la batalla es adentro o afuera, Da lo mismo. Digo, dije. Él tenía que reconstruir un Imperio caído. No tenía menos problemas que yo. Pero tengo que ordenar estos papeles o dejar de pensar. Debe de haber algo importante y me quedo mirando aquella foto del mosaico que se llama “Invierno”. Como sea, batallas, digo, dije. Pero otra vez los ojos de Justiniano desde el mosaico. Si vuelven a mirarme esos ojos voy a abrir la puerta del balcón, Voy a dejar que el viento entre desde la calle Yatay. Voy a hacer volar todos los papeles, todos los papeles. Iré a dormir un poco, creo. Mañana es martes y los martes suelo reconstruir...

Julián Axat

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Últimos días en el Swift de Berisso Esa mañana de 1977 Mi padre llega temprano al Frigorífico “Swift” de Berisso antes me ha dejado en la guardería Es día de matanza y el aire está espeso / todo tiene olor a vísceras los compañeros afilan cuchillas para el degüelle y el rugido de las bestias se escucha desde la calle Nueva York Salen Pescuezo /nalga / asado /ojo de bife / tasajo/ aguja /osobuco /roast beef/ vacío / lomo / filete /pecho / cuadril /brazuelo / solomillo / cadera /culata /tortuguita /espinazo / falda / tapa /tapilla / cuadrada /contra /paleta /bofe /corazón / lengua /esternón / riñones /seso / quijada / Res es cosa / cosa es Rex recita la mano del verdugo que viola y no destaza hasta que en el legajo figure la falta (una cámara en frío) y el fantasma de Echeverría luce acostado en la parrilla recitando su epopeya patria y al final de la jornada los obreros reciben 2 kg de yapa (para sus casas) Volanteada en la puerta… propaganda montonera… /Perón vive/ en la carne/ en las ...

Jorge Luis Borges

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Remordimiento por cualquier muerte Libre de la memoria y de la esperanza, ilimitado, abstracto, casi futuro, el muerto no es un muerto: es la muerte. Como el Dios de los místicos, de Quien deben negarse todos los predicados, el muerto ubicuamente ajeno no es sino la perdición y ausencia del mundo. Todo se lo robamos, no le dejamos ni un color ni una sílaba: aquí está el patio que ya no comparten sus ojos, allí la acera donde acechó la esperanza. Hasta lo que pensamos podía estarlo pensando él también; nos hemos repartido como ladrones el caudal de las noches y de los días.

Daniel Gómez

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Negritud No podemos vivir eternamente rodeados de muertos y de muerte. Antonin Artaud Por mis manos hablan  los cientos de años  que otros nos han oprimido ellas, como yo,  reniegan de lo poco de blanco que hay en mi sangre ellas, como yo, vomitan de asco. Tras los barrotes de mi celda he visto la sombra de una gota pero su reflejo me reveló la existencia de miles de ancianos  muertos de rabia. Al liberarme, sólo desolación. Al pensar en los que nos hicieron esto, en los que nos hacen esto, siento el enorme deseo de matarlos.

Guillermo Bawden

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  Últimas noticias del imperio Ey, Allen Yo también me emborrache en la calle Narodni pero ya no había policías de civil husmeando entre las mesas Y cruce también el puente de Carlos hacia los cafés del Centrum, camino a Malastrana Vi tetas blanquísimas, enrojecidas por el sol y ojos gatunos, verdes, filosos como cutters Sentí el sol de la mañana y me refresque la cara en el Moldava antes de persignarme por primera vez en quince años y entrar en la Capilla del Santo Niño de Praga Ey, Allen Vengo de tan lejos a tomar mi cetro de Rey de Mayo Estoy listo para hacer el camino empedrado desde los monasterios ortodoxos hasta el reloj lunar listo, para esperar la lluvia entre las lápidas amontonadas del cementerio judío listo para poner el papel bajo mi lengua, sabiendo que hay ventanas donde un ángel espía el occidente Estoy listo para las cucarachas y para el oro ¿Cómo iba yo a saber cuándo me echaron del Partido que en realidad era un ojo astronómico que era alquimia y kabala más que r...

Pablo Andrés Rial

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II Detesto mi cuerpo pero amo mi sombra. Nunca envejece nunca enferma nunca duele.

Jorge Aulicino

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  9.4 Supongamos un carnaval de santos, una feria de divinidades, un feriado universal de la ética. Es entonces posible que lo dañado en tus cristales, la impertinencia del sol, el dolor de ciertas figuras a las que llamás paisajes, disminuya. Hablarás al animal de manera tal que se entenderán sin registro y los movimientos de lagartijas de las galaxias huyendo de sí mismas no entregarán sentido. Buda no escribió, ni Cristo, y ese fue el mensaje, el medio. Pero es que quise poner en relación el mundo abismal de los reptiles con el de los severos halcones y el placer que de allí deviene no cede.

Pablo Seguí

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Cifrado Ningún verso devuelve  la mirada de nadie.  ¿Cómo tratar entonces  de retratar tus ojos?  Pero vos te das cuenta:  estas líneas los nombran  como aquel trovador  que cantaba callando  las señas de su amada.

Héctor Viel Temperley

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Soy el nadador, Señor, soy el hombre que nada. Soy el hombre que quiere ser aguada para beber tus lluvias con la piel de su pecho. Soy el nadador, Señor, bota sin pierna bajo el cielo para tus lluvias mansas, para tus fuertes lluvias, para todas tus aguas. Las aguas como lonjas de una piel infinita, las aguas libres y la de los lagos, que no son más que cielos arrastrados por tus caídos ángeles. Soy el nadador, Señor, soy el hombre que nada. Tuyo es mi cuerpo, que hasta en las más bajas aguas de los arroyos se sostiene vibrante, como en medio del aire". 

Jorge Luis Borges

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El tercer hombre Dirijo este poema (por ahora aceptemos esa palabra) al tercer hombre que se cruzó conmigo antenoche, no menos misterioso que el de Aristóteles. El sábado salí. La noche estaba llena de gente; hubo sin duda un tercer hombre, como hubo un cuarto y un primero. No sé si nos miramos; él iba a Paraguay, yo iba a Córdoba. Casi lo han engendrado estas palabras; nunca sabré su nombre. Sé que hay un sabor que prefiere. Sé que ha mirado lentamente la luna. No es imposible que haya muerto. Leerá lo que ahora escribo y no sabrá que me refiero a él. En el secreto porvenir podemos ser rivales y respetarnos o amigos y querernos. He ejecutado un acto irreparable, he establecido un vínculo. En este mundo cotidiano, que se parece tanto al libro de las Mil y Una Noches, no hay un solo acto que no corra el albur de ser una operación de la magia, no hay un solo hecho que no pueda ser el primero de una serie infinita. Me pregunto qué sombras no arrojarán estas ociosas líneas.