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Mostrando las entradas con la etiqueta Poesía británica-estadounidense

Walt Whitman

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Canto de mí mismo 6 Un niño me preguntó: ¿qué es la hierba?, trayéndola a manos llenas, ¿Cómo podría contestarle? Yo tampoco lo sé. Sospecho que es la bandera de mi carácter tejida con esperanzada tela verde. O el pañuelo de Dios, Una prenda fragante dejada caer a propósito, Con el nombre del dueño en alguna punta, para que lo veamos y lo notemos y      nos preguntemos, ¿de quién? O sospecho que la hierba misma es un niño, el recién nacido de la tierra. O un jeroglífico uniforme, Que significa: crezco por igual en las regiones vastas y en las estrechas, Crezco por igual entre los negros y los blancos, Canadiense, piel roja, senador, inmigrante, a todos me entrego y a todos recibo. Y ahora se me figura que es la cabellera suelta y hermosa de las tumbas. Te usaré con ternura, hierba curva. Acaso hayas brotado del pecho de los jóvenes, Acaso, si estuvieran aquí, yo los amaría, Acaso hayas brotado de los ancianos, o de los niños arrancados del regazo      de la...

T. S. Eliot

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    Luna de miel Ellos han visto los Países Bajos, regresan a Tierra Alta; Pero una noche de verano, helos aquí en Ravena, Cómodos entre dos sábanas, con doscientas pulgas, El sudor estival y un fuerte olor a perra. Reposan sobre las espaldas abriendo las rodillas De cuatro piernas fofas todas hinchadas de mordidas. Se levantan las sábanas para mejor rascarse A menos de una legua de aquí esta Saint Apollinaire En clase, basílica conocida de los aficionados De capiteles de acanto que sacude el viento.   Van a tomar el tren de las ocho Prolongar sus miserias de Padua a Milán Donde se encuentra la Cenne y un restaurant barato El piensa en las propinas y redacta la cuenta Habrán visto la Suiza y atravesado Francia y Saint Apollinaire, terco y ascético, Vieja fábrica desafectada de Dios, mantiene aún En sus piedras derrumbadas la forma precisa de Bizancio. T. S. Eliot