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Mostrando las entradas con la etiqueta Poesía estadounidense

Raymond Carver

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  Bebiendo en el coche Es agosto y no he leído un libro en seis meses salvo una cosa titulada The Retreat Form Moscow de Caulaincourt. Sin embargo, soy feliz cuando voy en coche con mi hermano bebiendo una pinta de Old Crow. No vamos a ningún sitio, conducimos sin más. Si cerrara los ojos durante un minuto no sabría dónde estoy y me tumbaría encantado a dormir para siempre a la orilla de la carretera. Pero mi hermano me da un suave codazo. En un momento va a pasar algo. Rraducción de Jorge Priede

Raymnd Carver

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El reloj de Kafka A partir de una carta Tengo un oficio con un diminuto salario de 80 coronas, y unas infinitas 8 o 9 horas de trabajo. Devoro el tiempo fuera de la oficina como una bestia salvaje. Algún día espero sentarme en una silla en otro país, frente a una ventana con vistas a campos de caña de azúcar o cementerios mahometanos. No me quejo tanto del trabajo como de la lentitud del tiempo cenagoso. ¡Las horas de trabajo no pueden dividirse! Siento la presión de las ocho o nueve horas enteras incluso en la última media hora del día. Es como un trayecto en tren que durara noche y día. Al final te sientes completamente abrumado. Ya no piensas en la tensión del motor, o en las colinas o los campos llanos, sino que atribuyes todo lo que ocurre sólo a tu reloj. El reloj que sostienes todo el tiempo en la palma de la mano. Y que sacudes. Y que te llevas, incrédulo, lentamente a la oreja. Traducción de Jordi Doce

Mark Strand

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Comiendo poesía Corre tinta por las comisuras de mi boca. No puedo ser más feliz. He estado comiendo poesía. La bibliotecaria no da crédito. Tiene los ojos tristes y se pasea con las manos en el vestido. No queda ni un poema. La luz es tenue. Los perros ya trepan por la escalera del sótano. Los ojos se les salen de las órbitas, las patas leonadas arden como maleza. La pobre bibliotecaria empieza a llorar y golpear el suelo con los pies. No entiende nada. Cuando me pongo de rodillas para lamer su mano da un grito. Soy un hombre nuevo. Suelto un gruñido y echo a ladrar. Doy brincos de alegría en la oscuridad libresca. (versión de Jordi Doce) Corre tinta por las comisuras de mi boca. No puedo ser más feliz. He estado comiendo poesía. La bibliotecaria no da crédito. Tiene los ojos tristes y se pasea con las manos en el vestido. No queda ni un poema. La luz es tenue. Los perros ya trepan por la escalera del sótano. Los ojos se les salen de las órbitas, las patas leonadas arden como maleza. ...

Raymond Carver

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Fragmento final ¿Y conseguiste, a pesar de todo, lo que querías en esta vida? Lo conseguí. ¿Y qué querías? Considerarme amado, sentirme querido sobre la tierra.

E. E. Cummings

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Estás cansada Estás cansada (yo creo) del perpetuo enigma de vivir y sus afanes; y yo también. Ven conmigo, pues, y partiremos muy lejos (sólo tú y yo, comprendes). Tú has jugado (yo creo) y has roto tus juguetes más queridos, y ahora estás algo cansada; cansada de las cosas que se rompen, cansada, eso es todo. Yo también. Pero vengo con un sueño en mis ojos esta noche, y llamo con una rosa a la desolada verja de tu corazón. ¡Ábreme! Que yo te mostraré lugares que Nadie conoce y, si tú quieres, las perfectas regiones del Sueño. ¡Ah, ven conmigo! yo te encenderé esa maravillosa burbuja, la luna, que perenne flota. Te cantaré la canción jacinto de las probables estrellas, y buscaré en las apacibles estepas del Sueño, hasta encontrar la Flor Única, que sustentará (yo creo) tu tierno corazón mientras la luna se eleva desde el mar. Traducción de  Octavio Paz

Paul Tran

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  No veo estrellas sino su luz que cruza la distancia entre nosotros Caminé por el campo con niebla. Me dijeron [que podía ver el planeta a simple vista en el cielo  [nocturno. Júpiter. Saturno. Algo que con frecuencia no se ve, como ahora el  [deseo que tengo por la vida  de los astros. Ser fijos. Luminosos. Sabía lo [que quería pero no cómo lograrlo. Las cosas que amé  [habían perdido su magnetismo, su forma y su función, como  [las sombras que la luz definiera alguna vez. Y luego más  [aún. Y luego nada. Saqué un cigarro de mi bolsa. Pude advertir que alguien se acercaba al otro lado del  [campo. No pude saber quién o si era el campo en sí el que se acercaba,  [cerrando la distancia que divide la creencia de la duda.  [Fue en ese límite  entre ambas donde permanecí —esperando, anticipando— con esa niebla que nos  [separaba al extraño y a mí, y eliminando todo aquello [que no necesitaba ver. Traducción de Hernán Bravo Varela

Raymond Carver

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Advertencia Al intentar un poema mientras afuera todavía estaba oscuro, tuvo la inconfundible sensación de que le estaban observando. Dejó la pluma y miró a su alrededor. Un momento después se levantó y recorrió las habitaciones de su casa. Miró dentro de los armarios. Nada, claro. Con todo, no quería arriesgarse. Apagó las luces y se quedó sentado a oscuras. Fumó su pipa hasta que pasó la sensación y hubo luz afuera. Bajó la vista al papel en blanco que tenía delante. Luego se levantó y volvió a hacer la ronda de su casa. El sonido de su respiración lo acompañaba. Sólo eso. Evidentemente. Nada. Traducción de Mariano Antolín Rato

Raymond Carver

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  Tu perro muere lo atropella una camioneta lo encontrás al costado de la ruta y lo enterrás. te sentís mal por eso. te sentís mal personalmente, pero te sentís mal por tu hija porque era su mascota, y ella lo quería mucho. le solía canturrear y lo dejaba dormir en su cama. escribís un poema sobre eso. lo llamás poema para tu hija, sobre el perro siendo atropellado por la camioneta y cómo lo cuidaste, lo llevaste al bosque lo enterraste profundo, profundo y ese poema te sale tan bien que casi te alegra que el pequeño perrito fuera atropello, porque si no, no hubieras escrito ese poema tan bueno. entonces te sentás a escribir un poema sobre escribir un poema sobre la muerte de ese perro pero mientras lo escribís vos escuchás una mujer gritar tu nombre, tu primer nombre, las dos sílabas, y tu corazón se detiene. pasa un ratito, seguís escribiendo. ella grita de nuevo, te preguntás por cuánto tiempo puede seguir esto. Traducción de Valeria Mussio

Esteban Moore

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  Celebro los pastelitos criollos  aquellos de las fechas patrias de la niñez en la plaza Fiestas de pueblo chico -Festejos al aire libre  Celebro los pastelitos criollos aquellos que nos aguardaban luego de haber izado  la bandera                  y entonado  el himno nacional Celebro los pastelitos criollos su crocante hojaldre -abierta  en flor la delicada fritura rellenita de sustancioso dulce de membrillo o de batata Celebro los pastelitos criollos todavía tibios en la mesa de la cocina cubiertos de almíbar y decorados con grana celeste y blanca Celebro los pastelitos criollos sabrosos en toda ocasión y momento,  incluso los recién salidos del aceite burbujeante que nos harán recordar aquel decir popular: “Pastelitos calientes que queman los dientes”.   

Raymond Carver

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Volando sobre la jungla "Sólo tengo dos manos," exclamó la azafata, bellísima. Sin mirarlo continuó bamboleándose entre los asientos sosteniendo la bandeja. Él piensa que ésta es otra mujer que se aleja de su vida para siempre. Observa a través de la ventanilla ve luces que titilan en la noche imagina una aldea en la jungla. A este hombre le han sucedido tantas y extrañas cosas en la vida que no se sorprende cuando ella vuelve y se acomoda en un asiento del otro lado del pasillo lo mira y le pregunta: "¿Te vas a bajar en Río o en Buenos Aires?" Una vez más esta mujer expone la belleza de sus manos, los pesados anillos de plata que sostienen sus dedos; la gruesa pulsera de oro que rodea su muñeca. Están volando sobre el Mato Grosso que está cubierto por una espesa bruma. Es muy tarde. Él continúa considerando la plasticidad de esas manos, admira los dedos inquietos. Han pasado varios meses, es difícil y complejo recordar esos momentos. Traducción de Esteban Moore

Raymond Carver

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  El panadero   Pancho Villa entró al pueblo acompañado por cientos de jinetes, ordenó la ejecución del Alcalde en la plaza pública, luego requirió la presencia del Conde Vronsky y cenaron, mientras comían Pancho le presentó a su nueva novia y al marido, el panadero que usaba un delantal blanco, Pancho extrajo su pistola para que el Conde pudiera admirarla y quiso saber de su triste exilio en México, hablaron de caballos y mujeres cuestiones en las que ambos eran expertos, la chica reía y jugueteaba con los botones de madreperla de la camisa de Pancho, que al dar las doce se durmió con la cabeza apoyada en la mesa, el panadero se persignó nerviosamente y abandonó el salón descalzo las botas en la mano, sin mirar al Conde sin mirar a la joven esposa, este hombre anónimo, descalzo humillado, que trata de salvar su vida, este hombre es el héroe del poema. Traducción de Esteban Moore

Raymond Carver

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La buhardilla Su cerebro es una buhardilla donde a través de los años se han almacenado muchas cosas. De tiempo en tiempo su rostro aparece en las pequeñas ventanas de la mansarda de la casa. El rostro triste de una mujer que ha sido encerrada y olvidada.

Cecilia Pontorno

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  Perros de plata la tarde se parte en cuatro años negros miro su caída  como se besa a un muerto  un grito, la noche los búhos  nombran el temor perros de plata  se mueven  como verdugos la palabra  es hierro  empuñado en el vértigo  una mirada  se abre sobre el agua  cubre los cuerpos   desconozco qué camino  qué misterio  habita en esta  hora descalza  qué voz tendrá antes de entrar  en su dolor

Raymond Carver

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Memoria Ella apoya la mano sobre su hombro, él se niega a escuchar sus palabras no tiene intenciones de acompañarla, sacude la cabeza. Ella insiste Acompaña a ese hombre abatido Hasta e auto, que es un modelo grande, Un bote, mira el monstruo metálico Y comienza a reír. Después con la yema de sus dedos le acaricia la mejilla. Ella lo abandona con las bolsas de comida en esa sucia playa de estacionamiento. Él se siente disminuido, un imbécil, Traducción de Esteban Moore

Raymond Carver

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  Hijo   Esta mañana me despertó una voz que regresaba desde mi infancia. La voz dice: ‘‘despertate’’, y yo salto de la cama. Es extraño, toda la noche, en mis sueños yo busqué ‘ese’ bendito lugar donde mi madre pueda vivir y ser feliz. ‘‘Si querés que enloquezca, está bien,  si ése no es tu deseo, por favor sacame de acá’’, repetía la voz. Me reconozco único culpable. Yo la mudé a esta ciudad que odia. Yo alquilé la casa que odia, rodeada de  vecinos que odia, llena de muebles que odia. ‘‘¿Por qué no me diste la plata para que yo la                                                           /gastara?’’ ‘‘Quiero volver a California, ¡ahora!’’, grita la voz. ‘‘Voy a morir si me quedo’’. ‘‘¿Vos querés que                                   ...

Raymond Carver

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  Para siempre A la deriva en una nube de humo, sigo la raya que en el suelo del jardín deja un caracol hasta el muro de piedra. Solamente al final me acuclillo, veo lo que hay que hacer y, de repente, me adhiero a la piedra húmeda. Empiezo a mirar lentamente alrededor y a escuchar, utilizando para ello mi cuerpo entero como el caracol utiliza el suyo, relajado, pero alerta. ¡Atención! Esta noche es un hito en mi vida. Después de esta noche, ¿cómo podré volver a mi vida anterior? Mantengo los ojos fijos en las estrellas, les hago señales con mis antenas. Me sujeto bien durante horas, descansando sin más. Más tarde, la pena comienza a gotear en mi corazón. Recuerdo que mi padre está muerto, y que me voy a ir pronto de esta ciudad. Para siempre. Adiós, hijo, dice mi padre. Casi al amanecer, bajo y vuelvo errabundo a casa. Todavía están esperándome, el espanto aletea en sus rostros cuando se encuentran con mis nuevos ojos por primera vez. Traducción Jaime Priede

Raymond Carver

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Bebiendo en el coche Es agosto y no he leído un libro en seis meses salvo una cosa titulada The Retreat From Moscow de Caulaincourt. Sin embargo, soy feliz cuando voy en coche con mi hermano bebiendo una pinta de Old Crow. No vamos a ningún sitio, conducimos sin más. Si cerrara los ojos durante un minuto no sabría dónde estoy y me tumbaría encantado a dormir para siempre a la orilla de la carretera. Pero mi hermano me da un suave codazo. En un momento va a pasar algo. Traducción de Jaime Priede

Raymond Carver

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Lluvia Me desperté esta mañana con unas ganas terribles de quedarme en la cama a leer. Me resistí durante un minuto. Luego miré por la ventana la lluvia. Y me rendí. Me puse por completo a merced de esta lluviosa mañana. ¿Volvería a vivir de nuevo mi vida? ¿Cometería los mismos errores imperdonables? Sí, a la menor oportunidad. Sí. Traducción de Jaime Priede

Raymond Carver

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Vos no sabés lo que es el amor (una tarde con Charles Bukowski) Vos no sabés qué es el amor dijo Bukowski tengo 51 años y estoy enamorado de esa pendeja me pegó fuertísimo pero no te preocupés ella también está enganchada así debe ser mi viejo yo me les meto en la sangre y ya no pueden olvidarme Tratan de alejarse pero finalmente vuelven todas ellas vuelven salvo ésa que dejé plantada Me hizo llorar y mucho bueno en realidad en esos días tenía la lágrima fácil Por favor no me dejes tomar bebida blanca me pongo mal –me vuelvo despreciable Yo podría sentarme con Uds. hippies queridos y chupar cerveza toda la noche sí diez latas o más de esta cerveza, y nada –todo bien es como agua Pero si tomo licor empiezo a tirar gente por la ventana ya lo he hecho Vos no sabés qué es el amor Porque no te has enamorado así de simple yo tengo esta mina joven que es muy, muy hermosas Ella me llama Bukowski Bukowski repite con su voz suave y melodiosa yo le contesto QUÉ Vos no sabés qué es el amor te esto...

Charles Bukowski

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La pelirroja  pelirroja de verdad se retorcía un mechón y me preguntaba se mantiene mi culo? esa comedia siempre hay una mujer que te salva de otra y mientras esa mujer te salva se prepara a destruirte. “a veces te odio” me decía salía y se sentaba en mi porche y leía a Cátulo. se quedaba afuera durante una hora. la gente que pasaba por la vereda se preguntaba de dónde habría sacado un viejo feo como yo una chica tan bella yo tampoco lo sabía cuando entraba yo la agarraba y la sentaba en mis rodillas levantaba mi vaso y le decía, “probá esto” “oh”, decía “mezclaste vino con Jim Bean, te vas a poner pesado” “te teñís el pelo, no?” “no mires” decía y se paraba y se bajaba los pantalones y la bombacha y el pelo ahí abajo era del mismo color que el pelo de arriba. Cátulo mismo no podría haber deseado una gracia más histórica o maravillosa, después él se puso tonto. porque los muchachos tiernos no están lo suficientemente locos como para convertirse en mujeres. Traducción de Jorge Lanat...