Entradas

Mostrando las entradas con la etiqueta Poesía italiana

Gabriella Cinti

Imagen
  Viaje-lamprea Ahora que he dejado los perfiles de las montañas por colinas modestas, lejos del coraje de la altura, pero aún verdes y esperanzadas, el asta del tiempo se enrojece  en el cuadrante arduo, el trabajo del destino avanza, bloqueando el movimiento confiado y ligero. El prado bajo las palabras florecido de intenciones trasluce para alcanzarte cuando se hunde en la renuncia de dirección. Alineo sílabas y nombres a lo largo del borde de la ausencia y camino hacia ti entre espinosos telones. Arena soplada de preguntas en el filo del aire, mi única cadena de amor y llamarte a lo visible en la más tenue de las formas, el cuerpo de un susurro. Me haré primero como la lamprea4  para tantear la luz desde adentro, el fuego inmóvil del ojo secreto, para acompasar la vigilia del alma y el gran sueño donde desataré las aletas en lo inmenso. Lamprea que amas las piedras del abismo y te instalas en lo más íntimo de nosotros, fuego itinerante de resplandor que apaga la vis...

Césare Pavese

Imagen
Maternidad Este es un hombre que ha hecho tres hijos: un gran cuerpo poderoso, que se basta a sí mismo; al verlo pasar, uno piensa que los hijos tienen la misma estatura. De los miembros del padre (la mujer no cuenta) debieron salir, ya hechos, tres jóvenes como él. Pero como sea el cuerpo de los tres, a los miembros del padre no les falta una pizca ni un resorte: se han separado de él caminando a su lado. La mujer existió, una mujer de sólido cuerpo, que volcó en cada hijo la sangre y murió junto al tercero. Parece extraño a los tres jóvenes vivir sin la mujer que ninguno conoce y los ha hecho, a cada uno, con esfuerzo, aniquilándose en ellos. La mujer era joven y reía y hablaba, pero era un juego riesgoso tomar parte en la vida. Es así que la mujer se quedó en silencio, mirando extraviada a su hombre. Los tres hijos tienen un modo de alzar los hombros que este hombre conoce. Ninguno de ellos sabe que tiene en los ojos y en el cuerpo una vida que en su tiempo era plena y saciaba a est...

Dante Alighieri

Imagen
Infierno Canto décimo Se encaminó por una secreta senda entre los muros desa tierra y los martirios, mi maestro, y yo detrás de sus espaldas. "¡Oh virtud suma, que por infames círculos me llevas", comencé, "tal como te place, háblame, y satisface mis deseos. "¿La gente que por los sepulcros yace podré ver? Ya están levantadas  las cubiertas y no hay quien las vigile." Y él a mí: "Todas serán cerradas cuando de Josafat aquí regresen con los cuerpos que dejaron allá arriba. "Su cementerio en esta parte tienen con Epicuro todos sus secuaces, que creen que el alma con el cuerpo muere. "Pero la pregunta que me haces pronto será aquí mismo satisfecha y también el deseo que no dices." Y yo: "Buen duca, nada tengo oculto a ti en mi corazón, sino por decir poco, y tú, no solo ahora, a ello me has dispuesto. "Oh toscano, que por la ciudad del fuego vivo vas así, hablando honesto, te plazca detenerte en este sitio. "Tu inflexión te hace ...

Alda Merini

Imagen
  Los poetas trabajan de noche Los poetas trabajan de noche cuando el tiempo no apremia sobre ellos, cuando calla el ruido de la multitud y finaliza la tortura de las horas. Los poetas trabajan en la oscuridad como los halcones nocturnos o los ruiseñores del dulcísimo canto que temen ofender a Dios. Pero los poetas —en su silencio— hacen más ruido  que una dorada cúpula de estrellas. Alda Merini

Gabriele D’Annunzio

Imagen
Vas spirituale La diestra espiritual sobre un salterio, solemne y taciturna, una mujer vigila en el misterio de la hora nocturna. Un gran bosque de símbolos circunda, a esa mujer. Sobre su frente pía que ultraterrena claridad inunda, tiende su red la gótica arquería de vasto templo. Aladas potestades pueblan las anchas naves penumbrosas y sobre el mármol blanco de las losas tumulares, reposan indolentes las estatuas yacentes entre guirnaldas de eternales rosas. Cabe las puertas de bruñido cedro que guardan el letárgico reposo del santuario, y en frisos y molduras se mezclan en hieráticas posturas los monstruos de un bestiario fabuloso. Ella, bajo la albura de la estola medita blanca, sola y solemne. Parece que concreta en sí las tres Virtudes Teologales; en círculo, los signos zodiacales la nimban los cabellos de violeta. Plumas y gemas de irisados brillos constelan su pesado vestimento; su diestra espiritual, llena de anillos áureos, reposa sobre el instrumento y al pie de ella un pon...