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Pablo Secchi

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(Feliz cumpleaños) Con mi hermano cruzamos la infancia de un tirón viendo que la terca felicidad florecía entre ramas secas  mientras compartíamos las mandarinas después comencé a peonar de albañil y creí abrazar la vida con un poco de eternidad cuando entrando al cansancio del oficio  pude ayudar a construir su casa por eso esta noche recostado en este firme vaso de vino me pregunto por qué me cuesta tanto si son estas mismas manos las que resistieron toneladas de cemento borrones de arena indiferente y maltrato quemaduras de fuegos invernales y helados olvidos las mismas manos estas hermano mío por qué me cuesta tanto meterte en este poema que intento de techo amplio y dando siempre al río (nuestro mismo dios) una ventana grande y desnuda y abierta como tu alma

Eduardo J. Espósito

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Kantiana Afortunado el poeta que ve cruzar el río de la vida bajo sus pies descalzos y no atina a mojar ni una uña siquiera en los espejismos que traduce y no llora al ver pasar el cadáver de su madre braceando inútilmente en las simpatías del agua y no ríe con la locura de sus hijos esos guijarros de intensa claridad y desmonta la risa en sus venenos y retroalimenta el llanto en un milagro para finalmente almorzar solo clavarse un vino y hundir el cuerpo en su estrella para siempre.

Sandra Cornejo

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Cántico Descendí a lo más profundo donde fuimos comunes en la misma arcilla agua, paisaje, árboles, personas. Allí escuché voces y lo muy lejano se unió a partes mías como en el principio. Un río me atraviesa,  un lago cambiante. ¿Quién soy? ¿Dónde estoy? ¿Hubo alguien? He venido a dejarte en el sitio que habrías amado. A la vez ajeno, a la vez tan propio como nuestros nombres. Aquí, este suelo, doble, tutelar, gemelo. Almas en un alma,  uno por el otro y para el otro. Arrullo del soplo del viento en las hierbas altas. Aquí, donde el agua límpida sosiega, cantan canciones ancestrales. Los miro. Sigo sus rituales con los míos. ¿Cuándo fue el encuentro? Cuál cañada, colina, barranco. ¿Por qué? Sonríen. Vine de tan lejos. ¿Tan lejos? Te traje conmigo. Nunca estamos solos: hay un arcoíris y su lluvia. Su lluvia y su arcoíris. No se siente miedo. No se teme el eco al que se pertenece. Estados del alma. Fallas en el tiempo. Iluminaciones. Círculo de pinos, de piedras, de menhires. C...

Natsume Sōseki

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Al dios de los ciruelos le pediré un amor, no importa cuál. Traducción de Dulce Chiang

Octavio Paz

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Garabato Con un pedazo de carbón con mi yeso roto y lápiz rojo rastrea tu nombre el nombre de tu boca la marca de tus piernas en el muro de nadie En la puerta prohibida graba el nombre de tu cuerpo Siempre y cuando mi cuchillo aguante sangres Y la piedra grita y la pared respira como un pecho.

Tess Gallagher

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Sí .Ahora somos como ese liso cono de arena en el jardín del Pabellón de plata en Kyoto, hecho para brotar bajo la luz de la luna. ¿Quieres mi lamento? ¿Quieres mi luto? ¿O, como la luz de luna en la más blanca arena, vestir tu penumbra, brillar, resplandecer? Brillo. Me lamento. Traducción de Abel Rubén Romero.

Joaquín Valenzuela Bellocq

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  Lugar es claro que era un metal en blanco (¿y quién lo había fundido?) y esa tarde el agua, la mitad del camino la cuarta pared del día rompiendo arenas, y el mundo se dividía en varios cielos y arena y asfalto y el metal en blanco ya era rosa y leche recién traída del tambo (¿te acordás?) turbia cadmio, ahora: los cielos que son otros globos (y tus ojos con galaxias) se dividían no como los mapas dibujados (físicos de cuerpo verde, cuerpo a cuerpo y marrones ocres desierto con cabellos de aguas pintadas) se rasgaban como papel de envolver regalos, cielos (niño que estira la mano, recibe un paquete tendrían que haberte puesto un espejo de alegría) …y que hoy se oye: ¿para dónde el mar? (eso entró por la ventana en voz descalza: un dónde en ola) amanecía